Hay variedades de cannabis cuya historia cabe en una línea. Fulano cruzó esto con aquello, seleccionó una planta y la puso a circular. Perfecto.
Luego está el resto. Variedades creadas hace treinta o cuarenta años. Bancos que cerraron. Criadores que cambiaron de país. Webs que desaparecieron. Catálogos que alguien escaneó en 2004 y terminaron alojados en un foro que tampoco existe. Clones que pasaron por diez manos. Semillas encontradas dentro de una bolsa de hierba. Nombres que cambiaron. Nombres distintos para la misma planta. Y, por supuesto, dos personas absolutamente convencidas de recordar de forma diferente algo que ocurrió en 1987.
Bienvenidos. Esto es la arqueología cannábica. No hace falta pincel ni sombrero de Indiana Jones. Aunque a veces vendría bien.
Hace falta tiempo. Y fuentes. Muchas fuentes. Porque reconstruir la historia de una variedad de cannabis se parece bastante menos a consultar una enciclopedia de lo que uno podría imaginar.
Por qué es difícil reconstruir la historia de una variedad
El problema empieza con una pregunta muy sencilla
¿De dónde viene esta variedad? Pruébalo con una genética conocida. Busca su origen en cinco páginas diferentes. Si tienes suerte, cuatro dirán lo mismo.
Si no la tienes, encontrarás dos genealogías, tres criadores, dos países de origen y alguna fecha que parece elegida lanzando un dardo contra un calendario. No significa necesariamente que alguien esté mintiendo. Ese es uno de los primeros errores que conviene evitar. La historia del cannabis se transmitió durante décadas de una forma bastante particular.
Fuentes impresas y documentales
- Hubo catálogos.
- Revistas.
- Libros.
Pero también llamadas telefónicas, cartas, sobres con semillas, encuentros, clubes, coffeeshops y muchísimo boca a boca. Después llegaron los foros. Y parte de aquella conversación quedó escrita.
Foros y comunidades
- Overgrow.
- CannabisCafé.
- ICMag.
- Cannabisworld.
Y muchas otras comunidades menores donde participaban criadores, cultivadores, personas que habían recibido un clon directamente y gente que simplemente había oído una buena historia. Todo mezclado. El trabajo consiste en separar una cosa de la otra. Ahí empieza la investigación.
Una página actual no puede viajar en el tiempo
Una de las reglas más útiles cuando se investiga una genética antigua es bastante sencilla:
una fuente demuestra mejor aquello que pudo conocer de primera mano.
Si una web publicada hoy explica cómo se cultiva una determinada variedad, puede ser una fuente perfectamente válida para determinados datos actuales. Pero si esa misma página afirma que la genética nació en California en 1982, la pregunta cambia.
Preguntas de comprobación
- ¿De dónde sale ese dato?
- ¿Quién lo contó?
- ¿Existe documentación anterior?
- ¿Hay una entrevista?
- ¿Un catálogo?
- ¿Una revista?
- ¿Un mensaje del criador?
- ¿O estamos leyendo una historia que lleva veinte años copiándose de una página a otra?
No hay nada malo en que una web moderna recopile información histórica. La cuestión es no conceder el mismo peso a todas las fuentes simplemente porque Google las coloque una debajo de otra. Un catálogo de 1988 hablando de una variedad que ya se vendía en 1988 tiene algo que una descripción publicada treinta años después nunca podrá fabricar. Estaba allí.
Las revistas antiguas son pequeñas máquinas del tiempo
Por eso publicaciones como High Times, Sinsemilla Tips, Cannabis Culture, Highlife, Soft Secrets, Cáñamo o Treating Yourself pueden tener un valor documental enorme. No porque todo lo que publicasen fuese necesariamente correcto. Eso sería demasiado fácil. Tienen valor porque permiten saber qué se decía en ese momento.
Y esa diferencia es fundamental. Un anuncio antiguo puede demostrar que una variedad ya existía en una fecha concreta. Un catálogo puede mostrar qué genealogía declaraba originalmente un criador. Una crónica de una competición puede indicarnos quién presentó una muestra, con qué nombre y en qué categoría.
Una entrevista contemporánea puede conservar las palabras de alguien antes de que veinte años de internet las simplifiquen.
Los catálogos también pueden convertirse en documentos históricos por derecho propio. Los de Cultivator’s Choice permiten observar cómo Sam the Skunkman presentaba parte de sus líneas en Europa durante los años ochenta. Los de The Seed Bank of Holland permiten seguir el trabajo de Nevil Schoenmakers cuando muchas de las genéticas que hoy consideramos clásicas todavía estaban entrando en circulación.
A veces una línea perdida en una revista vale más que veinte artículos modernos. No porque esté escrita mejor. Porque tiene fecha.
Después llegaron los foros
Y menos mal. Durante años se ha tendido a considerar los foros como una fuente menor. Tiene lógica. Cualquiera podía escribir.
Pero decir que un foro no sirve como fuente porque cualquiera puede participar es parecido a decir que una biblioteca no sirve porque contiene libros malos. Hay que mirar quién está hablando. No es lo mismo un usuario anónimo afirmando hoy que sabe cómo nació una genética que el propio criador explicando en 2007 qué plantas utilizó. Ahí la cosa cambia bastante.
Los foros permiten encontrar algo que muchas historias modernas han perdido: la conversación mientras estaba ocurriendo.
Lo que conservan los foros
- Cultivadores comparando plantas.
- Criadores explicando decisiones.
- Personas preguntando directamente.
- Fotografías de los primeros cultivos.
- Semillas recién germinadas.
- Errores.
- Dudas.
- Cambios de opinión.
Y discusiones que años después terminaron convertidas en una frase limpia y aparentemente indiscutible. La historia real casi nunca fue tan limpia.
Testimonios, memoria y casos documentales
Golden Goat: cuando aparece el hombre que hizo el cruce
Golden Goat es un buen ejemplo. Durante años se ha repetido una historia relacionada con Island Sweet Skunk, Hawaiian y Romulan. Pero lo interesante empieza cuando aparece el propio MrDank explicando en ICMag cómo había hecho las semillas, qué plantas había utilizado y cómo seleccionó una hembra excepcional dentro de aquella descendencia. De repente dejamos de tener una historia repetida.
Tenemos un testimonio contemporáneo. Eso no convierte automáticamente cada detalle en verdad absoluta. Pero cambia el nivel de evidencia. Mucho.
El investigador ya no está intentando adivinar quién pudo hacer qué. Tiene delante a la persona implicada explicando el proceso mientras la genética todavía estaba circulando entre gente que conocía el contexto. Hay pocas cosas mejores.
La memoria tampoco es un archivo ZIP
Aquí viene la parte incómoda. Incluso los protagonistas pueden recordar las cosas de manera diferente con el paso del tiempo. La memoria humana no guarda una carpeta llamada:
VARIEDAD_FINAL_DEFINITIVA_1989_NO_BORRAR.zip
Los detalles cambian. Las fechas se aproximan. Dos personas que participaron en el mismo episodio pueden haber entendido cosas distintas incluso entonces. Y veinte años después, una misma persona puede contar una historia con matices diferentes.
No hace falta buscar mala intención. Nos pasa a todos. Por eso una entrevista retrospectiva puede ser muy valiosa. Pero es todavía mejor cuando puede compararse con algo contemporáneo.
Piezas contemporáneas para contrastar la memoria
- Un catálogo.
- Un mensaje antiguo.
- Una fotografía.
- Una revista.
- Una carta.
Cada pieza ayuda.
Original Haze: cuando cuanto más investigas, más preguntas aparecen
Pocas familias enseñan mejor este problema que Original Haze.
Nombres, lugares y protagonistas que aparecen en la reconstrucción
- Santa Cruz.
- Los Haze Brothers.
- Sam the Skunkman.
- Colombia.
- México.
- Tailandia.
- India.
- Holanda.
- Nevil Schoenmakers.
Décadas de testimonios y reconstrucciones. Y no siempre cuentan exactamente la misma historia. Parte del material pasó por manos de Sam y por proyectos como Sacred Seeds y, más tarde, Cultivator’s Choice. Otra parte terminó siendo utilizada en los Países Bajos por breeders como Nevil. Cada etapa dejó testimonios distintos, y no todos encajan entre sí con la precisión que nos gustaría.
La reacción fácil sería escoger una versión. La más repetida. La más famosa. La que encaje mejor.
Pero investigar no consiste en elegir una historia porque quede bonita. Consiste en averiguar qué partes tienen documentación sólida y cuáles siguen discutidas. A veces una variedad tiene una genealogía clara. Otras veces tiene una genealogía probable.
Y algunas cargan con varios relatos incompatibles desde hace décadas. Eso también es información. Escribir:
“Este punto sigue sin estar completamente resuelto”
no es reconocer un fracaso. A veces es la conclusión más rigurosa de toda la ficha.
Genealogías, nombres y simplificaciones
El árbol genealógico también puede engañar
Tenemos cierta obsesión por rellenar árboles.
Niveles que solemos intentar completar
- Padres.
- Abuelos.
- Bisabuelos.
- Tatarabuelos.
Cuantas más casillas, más científico parece. Hasta que descubrimos que dos de esas casillas se rellenaron porque alguien encontró un dato dudoso en una tienda desaparecida. Un árbol largo no es necesariamente un árbol bueno. La pregunta importante es otra:
¿hasta dónde llega la documentación?
Si sabemos con seguridad los padres y no sabemos los abuelos, el árbol puede terminar ahí. No pasa nada. “Desconocido” es una respuesta perfectamente válida. Mucho mejor que una certeza inventada.
Chocolate Diesel y una generación que desapareció por el camino
Chocolate Diesel muestra otro fenómeno habitual. Con los años, una genealogía puede simplificarse. La explicación popular suele reducirla a Chocolate Thai × Sour Diesel. Se entiende.
Describe bastante bien las dos grandes familias que aparecen detrás. Pero cuando se busca documentación más precisa aparece una estructura diferente: Chocolate Trip —Katsu Cut— × Sour Diesel v1.5. Chocolate Thai sigue ahí. Solo que un nivel más abajo.
La versión popular no tiene por qué ser una mentira. Puede ser simplemente una genealogía comprimida. Y eso nos lleva a una diferencia importante:
simplificar no siempre significa falsificar.
El problema aparece cuando una simplificación útil para explicar una variedad acaba convertida en el árbol genealógico oficial. Entonces desaparecen generaciones. Personas. Selecciones.
Y parte de la historia.
Un nombre tampoco garantiza una identidad
Los nombres son otro pequeño campo de minas. Durante años puede circular un clon con un nombre determinado. Después aparece otra genética con el mismo nombre. O una selección recibe un alias nuevo.
O dos comunidades llaman de manera diferente a la misma planta. O alguien cree que dos nombres son equivalentes porque llevan veinte años apareciendo juntos en bases de datos. Los nombres ayudan. Pero no demuestran.
Cuando hay dudas, toca volver a las preguntas básicas.
Preguntas básicas de identidad
- ¿Quién tenía la planta?
- ¿Cuándo aparece ese nombre por primera vez?
- ¿Existe una fotografía?
- ¿Se menciona en un catálogo?
- ¿Quién se la pasó a quién?
- ¿Hay testimonios contemporáneos?
- ¿Las dos supuestas variedades aparecen al mismo tiempo en manos de una misma persona?
Las respuestas suelen ser mucho más útiles que discutir durante cien mensajes si un alias “suena” correcto.
Cómo contrastar una historia
Las contradicciones son buenas noticias
Cuando dos fuentes importantes no coinciden, nuestra primera reacción no debería ser desesperarnos. Acabamos de encontrar algo interesante. Una contradicción puede significar muchas cosas.
Qué puede significar una contradicción
- Que existieron dos versiones.
- Que hubo dos selecciones.
- Que alguien utilizó el mismo nombre.
- Que una historia cambió con el tiempo.
- Que un dato comercial terminó sustituyendo a otro anterior.
- O simplemente que todavía falta una pieza.
Buscar únicamente confirmación produce investigaciones muy cómodas. Todo encaja. Qué casualidad. Buscar contradicciones obliga a comprobar por qué encaja.
O por qué no. Ahí suele aparecer lo mejor.
Google no vota la historia
Hay una trampa especialmente fácil. Si veinte páginas dicen lo mismo y una dice otra cosa, parece lógico aceptar lo que dicen las veinte. Hasta que descubres que diecinueve copiaron a la primera. Internet fabrica consenso a una velocidad impresionante.
Cómo se fabrica un falso consenso
- Una web publica un dato.
- Otra lo resume.
- Una tercera lo traduce.
- Cinco tiendas reutilizan el texto.
- Un blog cita a esas tiendas.
- Otra página cita al blog.
Años después encontramos treinta resultados. Treinta. Parece incontestable. Pero seguimos teniendo una sola fuente original.
Por eso la cantidad de resultados nunca debería sustituir a la procedencia del dato. Una declaración directa y fechada puede pesar más que cincuenta páginas modernas diciendo exactamente lo contrario. No por espíritu de llevar la contraria. Porque está más cerca de los hechos.
SeedFinder es extraordinario
Y tampoco es un oráculo. Cualquiera que investigue genealogía cannábica termina utilizándolo. Normal. Es una herramienta gigantesca.
Lo que puede aportar como mapa
- Variedades.
- Criadores.
- Genealogías.
- Aliases.
- Versiones.
- Descendientes.
- Descripciones antiguas.
- Información de bancos que ya ni siquiera existen.
Hay investigaciones que serían muchísimo más difíciles sin SeedFinder. Pero su mayor utilidad quizá no sea responder. Es ayudar a preguntar. Una genealogía dudosa nos señala qué parental investigar.
Una variedad duplicada puede revelar que existen dos versiones. Una descripción antigua puede conducirnos hasta un breeder desaparecido. Una contradicción puede obligarnos a buscar una fuente anterior. Funciona muy bien como mapa.
Después toca caminar.
Y luego están las páginas desaparecidas
Internet tiene una peculiar manera de hacernos creer que conserva todo. No. Desaparece muchísimo.
Lo que desaparece
- Bancos cerrados.
- Foros.
- Webs personales.
- Catálogos.
- Blogs.
- Tiendas.
- Imágenes.
- Entrevistas.
A veces sabemos que una página existió porque alguien la enlazó en un foro hace veinte años. El enlace ya no funciona. Entonces empiezan las excavaciones.
Dónde buscar restos documentales
- Wayback Machine.
- Copias.
- Capturas.
- Mensajes que citaban un fragmento.
- PDF guardados.
- Catálogos escaneados.
- Mirrors.
- Reposts.
- Una descripción reproducida en otra tienda.
El problema se parece bastante a reconstruir un libro del que faltan páginas. No siempre recuperas el original. Pero quizá encuentres tres citas suficientemente completas como para saber qué decía. Eso también es arqueología.
La fecha más antigua importa muchísimo
Una de las preguntas más simples puede desmontar una historia entera:
¿cuál es la primera referencia que encontramos?
Si una variedad supuestamente fue creada en 1995 pero no aparece en ningún catálogo, foro, revista ni conversación hasta 2004, eso no demuestra que sea falsa. Pero obliga a investigar.
Preguntas que obliga a plantear la cronología
- ¿El nombre era diferente antes?
- ¿La genética existía sin comercializarse?
- ¿La fecha de 1995 procede de una entrevista posterior?
- ¿Hay algún catálogo perdido?
En cambio, encontrar una fotografía fechada en 1997 cambia el escenario. Las fechas no cuentan toda la historia. Pero colocan límites. Una persona no pudo utilizar en 1994 una variedad cuya primera generación sabemos que nació en 1998.
Parece una obviedad. Hasta que uno empieza a revisar genealogías.
Las competiciones también necesitan contexto
Las listas de premios son documentos históricos muy útiles. Siempre que sepamos qué estamos leyendo. Una Cannabis Cup puede demostrar que una muestra con determinado nombre existía en una fecha concreta. Puede indicarnos quién la presentó.
En qué categoría. Y qué posición obtuvo. Pero el premio no demuestra automáticamente quién creó la genética. Ni cuándo.
Ni cuáles eran sus padres. Un cultivador puede ganar con una planta creada por otra persona. Un coffeeshop puede presentar un clon recibido de un breeder. Una muestra puede circular con un nombre distinto al original.
Genéticas como White Widow ayudan a verlo con claridad. Su irrupción competitiva en Ámsterdam está perfectamente fechada, pero cuanto más retrocedemos para reconstruir su origen, más importancia adquieren los testimonios y las versiones enfrentadas de sus protagonistas. La historia de Green House Seed Co. forma parte de ese contexto, pero no resuelve por sí sola todo lo que ocurrió antes.
Por eso incluso algo aparentemente sencillo como un premio necesita contexto. La historia tiene esa costumbre.
Cuando dos testimonios se contradicen
Este es probablemente uno de los momentos más interesantes. Tenemos dos personas que estuvieron allí. Una dice A. Otra dice B.
¿Qué hacemos? Primero, no decidir cuál miente. Después, buscar.
Qué comprobar antes de elegir una versión
- ¿Cuándo contó cada uno su versión?
- ¿Existe documentación contemporánea?
- ¿Hay terceros que participaron?
- ¿Las fechas encajan?
- ¿Alguna de las versiones cambió con el tiempo?
- ¿Podrían estar hablando de momentos diferentes?
A veces el conflicto se resuelve. Otras veces no. Entonces las dos versiones deben convivir. No es tan satisfactorio como escribir una frase definitiva.
Pero puede ser bastante más honesto.
White Widow y el lujo de no cerrar una historia a martillazos
White Widow es probablemente uno de los mejores ejemplos. Décadas después de su aparición siguen existiendo relatos distintos sobre su creación y sobre quién debe recibir el crédito principal. Podríamos elegir uno. Sería mucho más limpio.
También sería menos interesante. Lo verdaderamente útil es reconstruir qué afirma cada parte, cuándo lo afirma, qué documentación existe y dónde empiezan las lagunas. La propia historia de Green House muestra por qué es importante separar empresa, breeder y contexto histórico. Shantibaba, Ingemar, Arjan y la escena holandesa de los noventa aparecen en relatos que no siempre coinciden perfectamente.
Si algún día aparece una prueba definitiva, estupendo. Mientras tanto, la controversia forma parte de la historia de White Widow. Eliminarla para que el árbol quede bonito sería perder información.
A veces una frase antigua resuelve años de confusión
Es una de las mejores sensaciones de este trabajo. Llevas horas leyendo. Cinco genealogías. Tres fechas.
Dos nombres. Nada termina de encajar. Y de repente aparece un mensaje de 2006. El propio criador responde a alguien:
“Usé esta hembra y este macho.”
Ya está. No siempre ocurre. Pero cuando ocurre, cambia toda la investigación. También enseña una lección importante:
la mejor fuente no siempre ocupa la primera posición en Google. A veces está en la página 63 de un hilo.
Un método para investigar variedades
Investigar una variedad es reconstruir una cadena
Al final casi todas las investigaciones terminan respondiendo a preguntas parecidas.
Preguntas de trabajo
- ¿Quién tenía el material primero?
- ¿De dónde decía haberlo recibido?
- ¿Cuándo aparece documentado?
- ¿Quién lo cultivó?
- ¿Quién lo seleccionó?
- ¿Quién conservó el clon?
- ¿Quién habló de él en aquel momento?
- ¿Qué documentos sobreviven?
- ¿Qué partes del relato aparecieron mucho después?
- ¿Dónde empiezan las contradicciones?
No siempre podemos responder a todo. Pero cada respuesta reduce el espacio de la especulación.
Y cuando no sabemos algo
Lo escribimos. Hay una extraña resistencia a utilizar palabras como:
Palabras que distinguen conocimiento de conjetura
- desconocido.
- probablemente.
- según.
- no confirmado.
- disputado.
Como si restasen autoridad. Ocurre justo lo contrario. Permiten distinguir conocimiento de conjetura. Una ficha que reconoce sus límites es mucho más sólida que otra que rellena cada hueco con seguridad artificial.
Además, deja espacio para que la historia mejore.
Porque la investigación nunca está completamente terminada
Puede aparecer un catálogo. Una revista digitalizada. Un mensaje antiguo. Una entrevista olvidada.
Alguien encuentra una caja de fotografías. Se recupera una copia de un foro. Un criador decide contar algo que nunca había explicado públicamente. Y una historia que parecía cerrada cambia.
No pasa nada. De hecho, eso es lo interesante. La historia del cannabis no está escrita en piedra. Está repartida.
Dónde sigue repartida la historia
- En catálogos.
- En revistas.
- En conversaciones.
- En recuerdos.
- En discos duros.
- En fotografías.
- En semillas.
- Y en foros que alguien tuvo la suerte de no borrar.
La arqueología cannábica no consiste en encontrar siempre una respuesta
Consiste en saber por qué creemos que algo ocurrió. Hay una diferencia enorme. Una genealogía puede ser correcta por casualidad. Una investigación permite seguir el camino hasta ella.
Ver las fuentes. Entender las dudas. Reconocer las contradicciones. Y volver atrás cuando aparece una pieza mejor.
Porque tarde o temprano aparece. Puede estar en una revista de 1989. En un catálogo holandés olvidado. En una conversación de CannabisCafé.
En la página 84 de ICMag. O en un mensaje escrito por alguien que estaba allí y que, sin saberlo, dejó guardada durante veinte años una pieza de la historia. Entonces toca cambiar el árbol. Otra vez.
Y seguir buscando.
